Kobayashi-Maru: Top 5 – Abril 29, 2018

  1. ¡Por fin! El estreno de Avengers: Infinity War

Una década de películas del MCU llegaron a su culminación con el  mayor evento en el cine moderno  de superhéroes (o sea, a partir de X-Men, da movie) hasta la fecha.

2. ¡Regresó Westworld! ¡Regresó Luis Miguel!

La serie premium para el público nerd está de regreso. El has been más has been de México está de regreso. ¡Nadie entiende nada! Y ambas series te manejan el brinco temporal que confunde a todos. Aunque al final los de Westworld sí tendran sentido.

3. We are Venom!

Esto es complicado. No sé como sentirme. Parece que la película tendrá los looks y la actitud. Más importante, tiene a Tom Hardy. Eso es bueno. Pero la historia podría ser horrible. La verdadera pregunta de fondo es ¿en realidad queremos una película de Venom? ¿Una película de Venom sin Spidey?

4. Esto pasó…

Falta mucho para que las Coreas sean BFFs, pero es un buen comienzo. Y todo se lo debemos a Dennis Rodman.

5. Avengers: Infinity War

Se merece otra mención porque no sólo es una cosa grande, sino que resultó ser  buena. And I mean really good. ¡Véanla ya!

El No-No de la semana

Pinche México.

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-1 is forever

Suelo caminar mucho. Me gusta caminar por la ciudad para ver detalles; la ropa que usa la gente, las tiendas y puestos callejeros, la publicidad, escuchar las conversaciones ajenas. Cosas así. Creo que experimentar las calles te conecta con el presente y te permite saber un poco de lo que la gente tiene en su cabeza y cómo se mueve la cultura.

Esa pequeña afición por caminar y observar me ha llevado a apreciar también el arte urbano. Siempre presto atención a las pinturas y graffiti en las calles, pero en especial me gusta ver stickers (calcomanías o pegatinas, como sea que les llamen).

Hace años cruzaba por un paso peatonal bajo un puente; era temporada de lluvias y el agua se encharcaba en ese lugar, eso es un escenario de terror para un sneakerhead con tenis blancos, afortunadamente ese paso peatonal tenía unas jardineras por las que los flaneurs quisquillosos podíamos cruzar con el parkour más patético que ha existido. Al estar sobre la jardinera logre ver que en una trabe del puente había una calcomanía pegada. Era un blooper, uno de los calamares enemigos de Super Mario. Es uno de mis diseños favoritos en cuanto a personajes de videojuegos. En uno de sus tentáculos sostenía una pancarta que decía “-1 is forever”.

Éste es un blooper.

Me pareció un dibujo genial con una buena referencia nerd, pero lo que más me agradó de encontrar ese sticker es el lugar dónde estaba; la única forma de verlo era caminar por la jardinera y me pareció como un easter egg de la vida real, porque quien la puso allí desde luego pensé en el detalle de ocultarla para que sólo la casualidad y/o la observación exhaustiva pudiesen encontrarlas. Vaya, es un detalle como de quest de videojuego.

Ese sentido lúdico de colocar stickers en las calles de una manera oculta es algo que me cautivó. Por la naturaleza instantánea de pegar una calcomanía ofrece oportunidades que el graffiti y otras formas de arte urbano no ofrecen. Es difícil ver una pinta en el interior de un edificio público, es algo complicado, sin embargo, pegar un sticker clandestinamente es muy posible. Desde luego, es una dimensión técnica distinta a la de otras manifestaciones gráficas urbanas.

El sticker es la conjunción del diseño y el ready-made; la expresión gráfica, la construcción de un mensaje y la labor material se realizan a priori, pero queda la última parte técnica/material del sticker como obra: la colocación. Pegar un sticker cuenta como técnica, puede requerir talentos ninja, además, es la última parte de un fenómeno comunicativo, pues dota de contexto a la obra: el mensaje y valor finales de un sticker son determinado por el lugar donde se pega. De allí emana ese sentido de juego que me cautivó y por el cuál ahora siempre observo con curiosidad en busca de calcomanías; es una lectura llena de complicidad, pues además del juego de busca y encuentra, al ser una obra ready-made, los permiten un trabajo gráfico más detallado que permite crear mensajes más complejos que otras intervenciones. Mientras que el graffiti se trata de una inmediatez que grita, los stickers dicen “pst, hey tú”.

Desde luego, las calcomanías se pueden reproducir a gran escala y las puede pegar cualquiera, eso también implica que la divulgación de una obra puede masificarse, que la persona que las pega no necesariamente es el artista y eso hace que cualquiera pueda aportar un sentido distinto a la obra. La culminación y expresión final de la misma guarda una naturaleza de multiplicidad y accesibilidad. Aun si no podemos diseñar un sticker, puedes pegar uno o muchos con los mensajes que te interese difundir. De nuevo, juego y complicidad son parte de una construcción y diseminación de sentido.

Bueno, esta historia y explicación en realidad son sólo un pretexto para compartirles el documental Stick To It, producido por la revista Juxtapoz que en cuatro episodios explica la historia y la naturaleza de las pegatinas como arte urbano.

La mascota más cool ever

No sé mucho de deportes. En realidad nada. Mis conocimientos al respecto se limitan a opiniones de otras personas que he leído o escuchado. Entre esas cosas está la opinión consensual sobre la grandeza de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. No sé que fue, pero simplemente hubo algo particularmente cool en esos olímpicos. Recuerdo mucho sobre esos juegos, pero no mucho sobre deportes: el pebetero encendido remotamente con una flecha, a Freddie Mercury y Monserrat Caballé como interpretes de la canción del evento, la bandera de los Países Unificados (el colectivo que sustituyó a la URRS), los sketches de Andrés Bustamante, Víctor Trujillo y Ausencio Cruz… Y a Cobi.

Cobi, swagy AF.

Cobi encapsulaba esa esencia cool de Barcelona 92. No lo entiendo, pero así era. Dat boi was lit. Era un pastor catalán (aunque no le veo parecido con el perro de verdad) dibujado en un estilo cubista. Irradiaba frescura el cabrón; ninguna mascota olímpica, de mundiales de futbol, incluso de cereales, se aproximaba a ese nivel de buena onda (nadie pinches recuerda a las mascotas post-Cobi, no importan). Por algo las figuritas coleccionables que tuvo Helados Holanda en ese entonces fueron entrañables.

Un perro catalán, pastor catalán.
Un Raspatito y $1,000 para obtener una de éstas.

Hell, Cobi tenía tal potencial icónico que si hubiesen hecho un videojuego de plataformas con él como protagonista con poderes deportivos, Mario y Sonic habrían sudado de preocupación un poco. Bueno, sólo quería recordarles que existió Cobi, que molaba y molaba tanto que incluso tuvo su propia serie de dibujos, mmm, semianimados: The Cobi Troupe. Que no molaba, pero ¿qué otra mascota ha conseguido algo así?

Quickies: Zona de Confort

Cuando alguien habla de “la zona de confort” me imagino a mí mismo en una cama mágica de la eterna juventud donde tengo una dotación autorregenerable de tocino que no engorda y una pantalla con el Netflix más pro que sólo tienen las Kardashian (ese tipo de cuenta tiene tooooodas las películas que existen y autodetecta lo que quieres ver, o sea, siempre Ghostbusters, Gremlins o John Hughes) y temperatura regulada a 14°C.

Ahora, esta cama está rodeada de un piso hecho de navajas de afeitar al rojo vivo, melladas, oxidadas e infectadas con una cepa experimental de VIH creada por Corea del Norte que además de acabar con tu sistema inmunológico provoca un efecto crónico e intensificado de comezón grado pica pica en todo el cuerpo y diarrea nuclear que te mata en 10 segundos, más rápido que con la Técnica de la Palma Explosiva de Cinco Puntos de Pai Mei. Y este piso de navajas se extiende por un millar de kilómetros y después de esos sólo se alcanzan a ver agujeros negros, singularidades cósmicas de esas que destruyen la realidad y un asteroide lleno de los supervillanos más sexualmente frustrados que ha creado la cultura pop listos para torturar a cualquier forastero con el temple para recorrer el océano de navajas.

Entonces, el concepto de “salir de la zona de confort” realmente me parece algo muy, muy pendejo. ¿Por qué? ¿Por qué carajo querría salir? ¡No! Si estás en un lugar tan cómodo y genial es muy posible que hayas hecho las cosas muy bien, que mereces toda esa dicha y que eres muy inteligente. O tuviste mucha suerte. Como sea, si ya estás allí, sigue con eso de ser inteligente o comienza a serlo y quédate en la cama mágica de la felicidad. No la abandones, porque seguramente no eres Tom Cruise en Misión Imposible.

Quickies: Witchnip

Para protegerte de las brujas nada es tan efectivo como las semillas de mostaza. Son pequeñas, portátiles y muy versátiles, pues además de ayudarte con las criaturas de la noche, son un gran condimento; todos sabemos que la maldad toma muchas formas y una mala vinagreta es sólo una de ellas. Al estar en presencia de semillas de mostaza, una bruja deberá recogerlas una por una. Es como catnip, pero para brujas. ¡Hey! Les regalo una posible idea millonaria: Witchnip. El apendejamiento que estas semillas provocan en las consortes de Satanás es tal que un buen puñado de semillas puede mantenerlas ocupadas durante horas. Incluso si la bruja que te atormenta se manifiesta en alguna forma etérea, la mostaza la obligará a asumir su forma física para realizar su su labor de pizca.

Con la bruja materializada en su cuerpo y completamente entretenida con la mostaza es fácil asesinarla con un arma fabricada con plata, echarle un balde de agua encima, o bien, si deseas capturarla, lo mejor es utilizar las siempre confiables correas de cuero salado que nunca sobran cuando se trata de combatir a los seres non sanctos.

Quickie: Errores crónicos

Construir una máquina del tiempo requiere el estudio y comprensión de la composición y dinámica de los aspectos físicos más intrincados de la realidad. Supone un esfuerzo colectivo en materia de investigación teórica y experimentación que seguramente llevará años, tantos que posiblemente las grandes mentes que lo logren podrían ser los tataranietos de quienes iniciaron el proyecto. Además, los recursos económicos necesarios para conseguirlo seguramente serían equiparables a construir una o dos Estrellas de la Muerte.

Desde luego, las posibilidades que se desprenden de una máquina del tiempo funcional son maravillosas, inconmensurables. Estaríamos ante un extraordinario panorama; todo el potencial humano desplegado por fin. Sin embargo, donde realmente nos hace cosquillas el concepto de viajar en el tiempo es en la idea de regresar al pasado. Revivir los fugaces momentos de felicidad y corregir los errores que nos sacaron de ese estado de dicha.

Soy equipo ciencia al 100%, pero tal vez sería bueno que quienes realizan la encomiable labor de investigación que nos brindará el viaje temporal, tuviesen un equipo B encargado de dedicar sólo una pequeña parte de todo el mindpower de este proyecto a procurar no cagarla en primera instancia, y así evitar esas cosas que nos ponen infelices y nos hacen anhelar las máquinas del tiempo.

Nora

La primera niña que me gustó se llamaba Nora. Olía a eso que huelen las niñas que te gustan. Nunca se ponía el suéter del uniforme de la primaria, en lugar de eso llevaba uno blanco con un Alf todo deforme bordado al frente (les hablo de 1988 y Alf estaba hot as fuck en la cultura pop). No lo sabía en ese entonces, pero era una misfit y seguramente por eso me gustaba. Nos sentábamos juntos, porque primaria pública y a la menor oportunidad platicábamos de Voltron y Los Verdaderos Cazafantasmas, que eran los temas de nuestras respectivas loncheras, y de otras caricaturas.

Mis compañeros de ese entonces me daban una flojera tremenda, pero me entusiasmaba ir a la escuela para hablar con Nora. Sólo conviví con ella por un año porque después me adelantaron un par de grados y ya no fuimos compañeros. Años después me hice amigo de su hermano porque jugábamos mucho Street Fighter juntos y la reencontré. Se había convertido en una anodina fan de Fey y ya no olía a eso que huelen las niñas que te gustan. Con Nora comenzó mi preferencia por la compañía femenina y descubrí todas esas sensaciones raras e incómodas de cuando te atrae alguien. Y que siempre es bueno tener a alguien para hablar de la mierda rara que te gusta. Qué les puedo decir, todavía me gustan las mujeres que ven caricaturas y hablar de eso con ellas.

Está en internet… ¡Debe ser verdad! O no.

Snopes.com… Este sitio es entretenimiento puro. Snopes se encarga de desmitificar leyendas urbanas. En lugar de leyendas urbanas yo les llamaría leyendas o mitos pop. En su archivo puedes encontrar casi cualquier hecho curioso de la cultura pop y el folclor desde mediados del Siglo XX hasta nuestros días; cada uno se presenta con sus orígenes, explicaciones y los registros de fuentes y evidencias que muestran cómo algún acontecimiento curioso dio el salto a convertirse en mito dentro del mainstream cultural de occidente.

Más historias como ésta en Snopes.com

En cada leyenda o mito se especifica si se trata de un hecho confirmado, una mentira o si no se ha podido comprobar por completo. En particular disfruto mucho la categoría de Disney y de crimen. Si se topan con algún dato curioso, búsquenlo en Snopes

The Hard Times: la lucha de ser punk es real

The Hard Times es como The Onion pero de la escena punk independiente. Si alguna vez tuviste una banda que no llegó a ningún lugar por falta de oportunidades (o de talento) seguramente te identificarás con estas historias sobre el absurdo suburbano de vivir en el nivel más bajo y cutre de la cadena alimenticia del rock.

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La diversión está acá: http://thehardtimes.net/

De cómo aprendí a dejar de preocuparme y a amar a la bomba

Desde los 10 años he envidiado la juventud ajena. Nunca quise crecer. Trágico, porque es inevitable. Crecer es frustrante. A los 10 quería tener 5 para tener mucho tiempo libre y ver Transformers y Looney Tunes. A los 13 quería tener 9 para olvidarme de las niñas que me gustaban y enforcarme en lo que realmente importa: Nintendo. A los 15… a los 15 lo pasé increíble, porque los noventa fueron fabulosos y no cambiaría nada en ese tiempo.

A los 30 estaba convencido de que no hay mejor edad que los 21, porque cumplir 30 es horrible; es cuando te percatas de como, a pesar de toda tu vanidad, llevas por lo menos 25 años cagándola en variedad de situaciones.

A los 34 ya entendí el patrón y me gustaría tener 25. Pero sólo me gustaría tener mi cuerpo de 25 años y 55 kilos, capaz de comer, sin consecuencia alguna, toda la comida chatarra que quisiera (siempre he creído que nacemos con un hoyo negro en el estómago que desintegra los Cheetos, pizza y Snickers que le arrojamos y que éste se apaga a los 26). Cuerpo de 25, porque viene con más belleza y bríos, pero me gustaría ser quien soy hoy, de entrada porque soy mucho más listo, con más información, más ropa, más estilo y chingos más de lifesmarts. Todas las cosas buenas de los tiempos jóvenes las atesoro en mi cabeza y las vivo todavía, incluidos el Nintendo (tengo como 12 Nintendos) y el hábito de ver Transformers. No he crecido mucho, solo he mejorado. Soy mucho mejor a pesar de los 34. Hay cosas sobre ser adulto que están de la cola, pero las ventajas son más, el dinero, principalmente. Y los amigos. A los 34 ya tienes a los mejores amigos, los que tendrás hasta los 64 y más allá. Los amigos, la música y la ropa bonita siempre deben ser las prioridades principales. Y las chicas… Las chicas me siguen apendejando brutalmente y no he aprendido nada al respecto, salvo que ellas están igual o peor.

Cada día pienso menos en ser joven y más en mis obsesiones, cada día me apasionan más las cosas y me encanta ser así. A muchos les parecerá que dejar caer una aguja sobre un disco de plástico o sentarse a escribir en un escritorio feo es cero apasionante, pero, hey, son jóvenes, ignorantes, tienen mal gusto y eso me hace muy fácil no envidiarlos. La juventud no es nuestra culpa y, afortunadamente, se cura.