De cómo aprendí a dejar de preocuparme y a amar a la bomba

Desde los 10 años he envidiado la juventud ajena. Nunca quise crecer. Trágico, porque es inevitable. Crecer es frustrante. A los 10 quería tener 5 para tener mucho tiempo libre y ver Transformers y Looney Tunes. A los 13 quería tener 9 para olvidarme de las niñas que me gustaban y enforcarme en lo que realmente importa: Nintendo. A los 15… a los 15 lo pasé increíble, porque los noventa fueron fabulosos y no cambiaría nada en ese tiempo.

A los 30 estaba convencido de que no hay mejor edad que los 21, porque cumplir 30 es horrible; es cuando te percatas de como, a pesar de toda tu vanidad, llevas por lo menos 25 años cagándola en variedad de situaciones.

A los 34 ya entendí el patrón y me gustaría tener 25. Pero sólo me gustaría tener mi cuerpo de 25 años y 55 kilos, capaz de comer, sin consecuencia alguna, toda la comida chatarra que quisiera (siempre he creído que nacemos con un hoyo negro en el estómago que desintegra los Cheetos, pizza y Snickers que le arrojamos y que éste se apaga a los 26). Cuerpo de 25, porque viene con más belleza y bríos, pero me gustaría ser quien soy hoy, de entrada porque soy mucho más listo, con más información, más ropa, más estilo y chingos más de lifesmarts. Todas las cosas buenas de los tiempos jóvenes las atesoro en mi cabeza y las vivo todavía, incluidos el Nintendo (tengo como 12 Nintendos) y el hábito de ver Transformers. No he crecido mucho, solo he mejorado. Soy mucho mejor a pesar de los 34. Hay cosas sobre ser adulto que están de la cola, pero las ventajas son más, el dinero, principalmente. Y los amigos. A los 34 ya tienes a los mejores amigos, los que tendrás hasta los 64 y más allá. Los amigos, la música y la ropa bonita siempre deben ser las prioridades principales. Y las chicas… Las chicas me siguen apendejando brutalmente y no he aprendido nada al respecto, salvo que ellas están igual o peor.

Cada día pienso menos en ser joven y más en mis obsesiones, cada día me apasionan más las cosas y me encanta ser así. A muchos les parecerá que dejar caer una aguja sobre un disco de plástico o sentarse a escribir en un escritorio feo es cero apasionante, pero, hey, son jóvenes, ignorantes, tienen mal gusto y eso me hace muy fácil no envidiarlos. La juventud no es nuestra culpa y, afortunadamente, se cura.

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Los Pinche Odio – Parte 1: En el transporte público

Algunos de mis enemigos en el transporte público:

  • Los que no permiten bajar antes de abordar.
  • Los que se estacionan en el área de la puerta y estorban a los que quieren bajar o abordar.
  • La gente que empuja como linebacker de la NFL sin siquiera pedir permiso.
  • La gente que usa crema Hinds o desodorante Brut.
  • Los que cenaron burritos la noche anterior.
  • Los que te hablan aunque traes puestos los audífonos.
  • Los ancianos que operan bajo la consigna “yo ya viví seis décadas, no tengo tiempo para formarme, no tengo tiempo para ser cortés y voy a sentarme a como dé lugar”.
  • Toda la pinche gente que me pisa los tenis.

M.

“La química humana es un misterio y no lo entiendo, algunas personas… simplemente se sienten como estar en casa”. Eso dice Nick Hornby en High Fidelity. Tiene razón. Algunas personas se sienten como estar tirado en tu cama, en tu cuarto, en la tardía mañana de un domingo mientras ves T.V. Algunas personas realmente se sienten como estar en casa. M. se sentía como estar en casa.

Mi historia con M. es a la vez muy simple y muy compleja. Es muy larga, de muchos años… Pero nuestro tiempo juntos no fue mucho. No sé si M. es la gran chica que se fue. No lo sé. No sé si ese fue su rol en mi historia. Sería entonces uno de mis más grandes errores. No puedo recordarla así. Me niego a asumir que mi relación con M. fue algo que debo recordar con tristeza. Claro, tal vez no es cosa de percepciones. Tal vez la cagué monumentalmente y ella es la gran chica que se fue.

No sé cómo describir nuestra relación. No sé lo que fue. Había mucho amor allí, aunque creo que eso lo supe mucho después. Demasiado tarde. Había una gran amistad y una profunda admiración mutua. Y creo que ambos éramos felices cuando estábamos juntos. La primera canción que escuchamos juntos fue “Los Calientes” de Babasónicos. No creo que M. recuerde eso. Yo sí, porque recordar todo es mi maldición.

No olvido y ya saben… Soy cursi y esas cosas. Antes de M. creí haber estado enamorado una vez, luego supe que era confort y obsesión, no sin antes pasar por años de drama. Creo que M. fue la primera chica de la que me enamoré, aunque no lo sabía en ese entonces. Con el tiempo lo entendí. Demasiado tarde.

M. y yo hablamos mucho. Nos conocimos, creo, en una etapa muy pretenciosa. Hablábamos sobre psicología, filosofía, literatura, danza, drogas, nos contábamos historias. Me agrada mucho hablar. Me agrada mucho escuchar. Siempre busco eso y pocas personas han resultado tan estimulantes para mí como M. Cuando estábamos juntos hablábamos. Hablábamos y nos tocabamos. Eso. Por horas. No hacíamos otras cosas. Sólo conversábamos y dejamos que nuestros cuerpos se acercaran, por horas. Puedo decir que mi relación con M. ha sido la más estimulante que he tenido, intelectual y sexualmente.

Había algo muy intenso entre nosotros y creo que nunca existió ese periodo de inseguridad e incomodidad que a veces sientes con algunas personas. Nuestro acercamiento sexual fue, simplemente, muy natural, sin prisas, ni presión, pero también sin incertidumbre y eso fue muy satisfactorio. Una de las imágenes más eróticas en mi memoria es el rostro de M. alejándose de mí lentamente, después de besarnos sin parar por minutos que parecían horas. Mi rostro acababa entumecido por tanta acción. Y ella se quedaba en pausa por unos segundos con los ojos cerrados y los labios entreabiertos y una respiración suave pero intensa. Sabía que me deseaba tanto como yo a ella. “Son preciosos nuestros besos a las afueras del pueblo” dice una canción de Iván Ferreiro (S.P.N.B.). Cuando recuerdo a M. siempre pienso en esa canción. Hasta hoy creo que los besos deben sentirse como se sentían los besos con ella; mi idea de cómo se debe sentir acariciar unas piernas es lo que sentí al acariciar las suyas… That’s the gold standard. Me gustaría tener el talento de Caitlin Moran para describir lo épico de esos besos; creo que fueron el equivalente en mi vida a cuando Dolly Wild pierde su virginidad en “How To Build A Girl”. How to build a dream girl, en mi caso.

Sólo les cuento las cosas como las sentí. No es que se trate de la gran historia o que nuestra relación tuviese algo de especial, no era The World’s Ultimate Relationship! Aunque así se sentía para mí. Y antes de que crean que esto es creepy, les aseguro que no es una obsesión psicópata, al contrario, M. y yo somos buenos amigos y por años hemos hablado de cómo nos sentimos y de lo que pasó entre nosotros. Simplemente fue la relación que para mí definió cómo quiero sentirme emocional y sexualmente al estar con una pareja.

La mayoría de las veces tenemos sexo superficial. No, no me malentiendan, no me refiero a una visión rosa en que el sexo deba ir de la mano de un incalculable amor romántico a lo Hollywood. Le llamo sexo superficial a esas veces en que usamos (usamos es la palabra clave) a otra persona para descargarnos, en que no buscamos compañía de verdad, sino solo un pedazo de carne para frotarnos, que podría ser cualquiera. Nos usamos sexualmente. Nuestras hormonas y nuestra cultura a veces nos obligan a tener sexo muy superficial y eso no está mal, para nada, a veces es justo lo que necesitamos, pero esa podría ser una mejor experiencia si nuestro medio sociocultural no nos hiciera tan torpes para comunicarnos en ese sentido; la sexualidad se pervierte por la hipocresía y la falta de comunicación. Eso nos hace egoístas, eso complica el sexo, eso crea esas desdeñables relaciones de poder, los complejos, las culpas y finalmente trunca la experiencia compartida que debería ser la sexualidad. En ese nivel de egoísmo, el sexo es desprovisto de cualquier emoción real, de reconocimiento y empatía… Es masturbarse con un prop viviente. Eso ya no me satisface. Creo que hay un nivel más pleno en el que realmente conectamos sexual y personalmente con alguien, cuando realmente nos sentimos como en casa debido a esa misteriosa química de la que habla Hornby.

Hay un nivel de sexo en el que damos un paso más allá de esa superficialidad. En ese nivel dejamos de acompañarnos de objetos sexuales y convivimos como sujetos sexuales. En ese nivel encontramos comunión y reciprocidad. Un auténtico deseo mutuo. Ese es el nivel del que hablo. De esa experiencia que va más allá del “estoy cogiendo” y llega al “estoy con esta persona que me encanta porque representa el ideal de las cosas que deseo y de las que quiero ser parte en este momento”.  Y tú representas lo mismo para esa persona. De otro modo no funciona. Sí, suena raro, un poco cursi y profundamente idealista. Pero a veces ocurre, aunque son pocas veces y no siempre lo valoramos. Creo que M. y yo estuvimos en ese nivel sin darnos cuenta. Igual que todo con ella, lo entendí después, muy tarde.

De nuevo, esto no necesariamente implica una relación amorosa, pero sí una relación de profundo respeto, admiración y deseo de bienestar para tu acompañante. Antes de M. yo ya tenía algo de experiencia: conforme la fui conociendo me di cuenta de que había algo en ella que me brindaba una satisfacción distinta y desconocida hasta ese entonces para mí. No es que las chicas con las que estuve antes no fueran especiales, de hecho las recuerdo con cariño, fue un periodo muy especial en mi vida, pero nunca sentí ese nivel extra de satisfacción. Incluso LA GRAN EX estuvo antes (y después), pero no, ella no se sentía como estar en casa.

Todos tenemos una idea distinta de lo que “debe” ser el sexo. Nuestras expectativas están basadas en un conjunto de paradigmas personales, emocionales, estéticos, sensoriales, afectivos, culturales… Un modelo de modelos sobre la experiencia sexual y eso desde luego incluye a las personas que nos acompañan, su personalidad, sus intereses, obsesiones, la cultura que contienen, sus cuerpos y cómo se comportan. Lo que yo esperaba del sexo lo encontré en M. Su respiración, su movimiento, la humedad de su boca, la carnosidad perfecta de sus muslos, todos sus sabores… Lo que me hacía sentir como en casa es el hecho de que casi puedo asegurar que M. sentía lo mismo. Esa reciprocidad es lo que redondea la experiencia, lo que la hace única. Sé cuando le gusto a alguien (ajá…), sé cuando alguien quiere coger conmigo, pero la aceptación y deseo que sentía con M. iba más allá de eso. Seguramente eso le parecerá poca cosa a algunos, pero no, no es algo común. Simplemente no reparamos en ello, pero la mayoría de las veces, cuando estamos con alguien no lo hacemos por lo que esa persona es, sino a pesar de lo que esa persona es. Piénsenlo y les apuesto a que varias de sus relaciones han sido así. Querer estar con alguien por todo lo que es no es poca cosa, al contrario, es un jodido tesoro.

¿Y qué falló? Que la vida es más que cariño y sexo. Las circunstancias cuentan y cuando eres tan joven no importa cuán bien te sientas, cuánto placer recibes, siempre ambicionamos tener más y encontrar cosas nuevas. Cuando eres tan joven el presente nunca basta, porque, pues, no sabes nada, no conoces el valor de nada. Y eso tampoco está mal. You learn. Pero en eso de aprender, echas a perder cosas y yo eché a perder las con M.

¿Me he sentido como en casa con otras mujeres después de M.? Sí, un par de veces. Ese otro par de relaciones significativas que he tenido prosperaron por un tiempo, en parte gracias a esa química que va más allá de la química. Y no me quejo de las cosas fugaces, pero prefiero algo más allá de eso… Ya no me interesa tener fuckfriends, sino friends who I can fuck with. Si no hay amor, si no existe la intimidad y esa indefinible compatibilidad, incluso así deseo que la atracción sea complementada por la amistad. Aunque la cosa se trate de puro sexo, prefiero sentir que conozco a esa persona y que al menos la estimo en cierto grado. Por lo mismo no me gusta jugar con esas situaciones, no me gusta ese juego de seducción engañosa, me gusta ser directo y que las chicas que compartan un momento conmigo sepan de qué se trata y que deseen lo mismo. Aceptación y deseo mutuo en cierto grado, aunque no se sienta como estar en casa.

La pasión es una de las cosas que caracteriza mi vida. Desde mi trabajo hasta la limpieza de mis zapatos; dedico, fervorosamente, casi el cien por ciento de mi tiempo a cosas que me apasionan y por eso hoy me siento más satisfecho que nunca y si voy a compartir mi tiempo y mi cuerpo con otra personas me gusta sentirme apasionado por ella también, ya sea por todo lo que representa o sólo por su cuerpo. Necesito lujuria con causa, lujuria en comunión. Necesito conversación de esa que desaparece el tiempo y risas incontrolables, a esa mujer necesito respetarla, admirarla, necesito disfrutar de su rostro y su cabello, necesito porte y estilo, necesito sentir que disfruta mi compañía, necesito que comparta sus pasiones. Necesito que me cautiven sus ideas y sus gestos antes de que me cautive la idea de quitarle la ropa. Coger por coger, “fucking for the review” como diría Caitlin Moran… Aunque a veces sea la única forma de alejarse de la soledad, aunque veces sea necesario… Creo que eso ya no es para mí. Ja. Eso no es una queja, al contrario, lo agradezco. Eso le debo a mi querida M. a quien siempre recordaré como mi hogar.

Leonard, cántanos hasta el final…

Uno no llega a una fiesta y comienza a blastear a todo volumen la música de Leonard Cohen. No. La música de Leonard está reservada para lo íntimo, lo sagrado; las noches de recuerdos, aquellas en que los errores duelen y uno aprende a puntapiés la lección, las noches de nostalgia, de amor, de lujuria y de belleza.

A Leonard se le escucha con los mejores amigos de una vida, como Esteban Cisneros, a quien seguro le duele este día, lo sé porque hemos pasado años juntos y en esos años hablamos mucho de música, porque no hay nada más jodidamente importante que eso, y en esos años muchas de nuestras palabras han sido sobre Suzanne, The Stranger Song y Hallelujah.

A Leonard se le escucha cuando necesitas el consejo de quien ha vivido corazones rotos y corazones llenos de canción. A algunos no les parece que los músicos puedan ser poetas y yo opino que a esos les den por culo. Siempre he creído en decir las cosas de la manera más hermosa que sea posible y si alguna vez mis palabras han sido hermosas es porque lo aprendí de personas de poesía y música como este canadiense de hermosas palabras sobre el mundo, el sexo y el despecho y todo lo bueno y lo malo de este puto mundo. Y es que en ochenta y dos años, ténganlo por seguro, Leonard Cohen le cantó y le escribió a todas las cosas que importan. Y en el Siglo XXI esas canciones no deberían ser una lengua oscura y perdida, deben conocerse y sentirse por todo el mundo.

Y si la despedida es pretexto, pues que sea un gran pretexto para llenar de canción los timelines y los corazones. Que hace falta en estos días, carajo. Hay un Leonard Cohen triste y taciturno, uno violento, ensimismado y rencoroso, uno reflexivo, uno lujurioso y uno esperanzado. El que yo prefiero recordar es el que más me gusta. El que le canta a las mujeres que ha amado y a sus cuerpos, sus momentos sagrados juntos y a la felicidad del futuro. Yo no sé mucho de lo que va la vida, pero si alguien me va a dar consejos sobre eso, que sea este señor.

The Ape with the Three Stripes: Adidas x Bape

Desde que la gran guerra de los sneakers comenzó a mediados de los años ochenta, Nike siempre ha estado a la cabeza y todavía es así, pero nunca la marca del swoosh había sentido tanta preocupación por su más cercano rival, Adidas, como en 2016.

Este año Adidas le quitó a Nike una buena parte del mercado de sneakers lifetyle. Hay muchos factores involucrados, pero en especial hay dos importantes: Kanye West y la silueta NMD.

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Adidas Yeezy Boost 350 – Los tenis de Kanye. Meh.

Ya sabemos que Kanye es una especie de Rey Midas y sus colaboraciones con Adidas son los productos más codiciados en el coleccionismo de tenis. Sin embargo, Adidas tiene una carta fuerte desde el año pasado que no depende de Kanye, me refiero a los sneakers llamados Nomad o NMD (curiosamente diseñados por la misma persona que los Yeezy, es decir, Nic Galway), una silueta que en menos de un año ya tiene decenas de variantes y colaboraciones, varias de las cuales están entre los tenis con mayor precio de reventa en el mundo en este momento.

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Adidas Originals NMD. Meh-ish.

Adidas sabe que éste es su momento y ha decido aprovecharlo con algunas de sus propuestas más agresivas, entre las que desde luego está su colaboración con Bape, que saldrá a la venta el próximo 26 de noviembre en puntos de venta selectos alrededor del mundo y en su tienda online.

Bape, o A Bathing Ape, es una marca de culto en el mundo de la moda. Es una de las marcas que consolidó el streetwear como un mercado significativo y fue de las pioneras en adoptar un modelo de distribución enfocado en producir piezas muy imitadas y únicamente venderlas oficialmente a través de unos cuantos retailers alrededor del mundo (hay menos de 30 puntos de venta de Bape a nivel global), por lo cual casi todos sus productos son muy, muy codiciados y generan un gran mercado de reventa.

Bape realiza muchas colaboraciones, de hecho, ya tiene varias en su haber con Adidas, pero la próxima es particularmente significativa. Será la primera colaboración a gran escala de la silueta NMD y será la primera vez que un artículo firmado por Bape llegue a México oficialmente. El plato fuerte de la colaboración son dos colorways (verde y negro) del modelo NMD R1, que estarán adornados con el patrón de camuflaje propio de Bape, pero también incluye dos piezas de apparel, una track jacket Firebird (una de las prendas más populares de Adidas) y una especie de híbrido entre la prenda más celebre de Bape, la shark hoodie y otra pieza clásica de Adidas, la chamarra ID96.

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Todo esto estará a la venta el sábado y se agotará en minutos. Se especula que los NMD verdes alcanzarán un precio cercano a los $1,000 dólares en la reventa, así que esperen largas filas y mucho drama si tratan de conseguirlos en la Adidas Flagship Store de la colonia Condesa en CDMX. Pueden intentar conseguirlos online, pero sepan que muchísima gente hará lo mismo.

No me desagrada la colaboración, pero tampoco es algo que de verdad quiera tener, de hecho, me interesa conseguir los tenis o la hoodie porque no tengo ninguna pieza de Bape. Y creo que a la mayoría de la gente no le interesan de verdad estos artículos, salvo por el valor que tendrán en reventa internacional.

Más allá del hype y de la especulación, esta colaboración es importante para Adidas, pues seguramente será la consagración de NMD como su producto estrella y, si todo sale bien, pondrá a la marca alemana a la cabeza del mercado global de coleccionismo de tenis durante 2017.

 

 

En México no existe la moda, pero existe Tony Delfino

No voy a explicar en esta ocasión porque considero que en México no existe la industria de la moda, ese es otro tema muy extenso. Sin embargo, sí existe gente creativa que tiene propuestas de diseño interesantes que van más allá del estéril ambiente de las pasarelas y, a punta de buenas ideas, han elevado el juego de la ropa y el estilo en este país. Entre esa gente se encuentra el colectivo de artistas detrás de la marca Tony Delfino.

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No me atrevo a decir que TD es una marca de ropa, más bien se trata de una marca de lifestyle como Supreme, aunque su eje central es esa confusa categoría de la moda llamada streetwear…

Ok, una explicación express: se le llama streetwear al conjunto de estilos y tendencias en diseño de moda que se derivan de las subculturas urbanas surgidas a partir de finales de la década de 1970: new wave, punk, surf, skate, hip hop, graffiti, chavs, lads, street goth… Ok, sí es algo muy complejo y confuso; es un crisol de moda urbana inspirada por la contracultura y sus tribus, pero no hay un canon estético, sino más bien un canon y discurso cultural de “identidad a través del estilo personal en medio de la ciudad”. Muchos consideran que la primera marca de streetwear fue Stüssy y por allí va la cosa. Espero que con eso quede claro, pero básicamente es sólo una etiqueta para encapsular los distintos estilos urbanos que no se acomodan al mainstream, pero que ya se han difundido en nichos pequeños. Como cuando en los 90 a todo le decían “alternativo”. Anyway…

En México han surgido un montón de marcas de streetwear en los últimos 4 años. La mayoría de ellas son marcas de camisetas basadas en gráficos. Algunas tienen una buena propuesta gráfica, pero lo único que hacen es comprar camisetas ya básicas y estamparlas. El corte de las prendas es el mismo siempre, muy básico y la calidad en general es mala, tanto en telas, como en confección e impresión.

Afortunadamente algunas marcas se dieron cuenta de que la gráfica no lo es todo y que si buscaban llegar a un nivel más significativo debían trabajar en la variedad y calidad de sus productos. Marcas como Sacrifice o 12 Crew han destacado por no estancarse en el juego de las camisetas, incorporando en sus catálogos prendas como chamarras, gorras, jeans, jogger pants, hoodies y más, todo con toques de diseño muy característicos de cada marca. La calidad de estas propuestas también es superior a la de la mayoría, pero todavía hay muchos detalles que podrían afinarse. Sin embargo, la marca que ha logrado elevar el juego del streetwear en México en todos sus aspectos es, sin duda, Tony Delfino.

No sé quiénes son todos sus integrantes, pero a la cabeza de TD se encuentran Smithe y Dear, dos de los artistas gráficos actuales más célebres de México (al menos en cuanto a arte urbano). Ellos sabían que para destacar debían hacer lo que las otras marcas no hacían. Primero, diversificar sus productos; gorras, hoodies, crewnecks, sweaters, camisetas, bomber jackets, windbreakers, varsity jackets, tees, stickers, pins y hasta zapatos; no lo hacen todo, pero poco falta para poder vestirme de pies a cabeza en TD.

items_466228_28575_20141217194921_bLuego el diseño global de sus artículos; TD no compra camisetas Yazbek para luego estamparlas. Ellos buscan a los proveedores ideales para maquilar sus ideas con la forma, corte y detalles con que fueron diseñados. Eso va de la mano con su más grande aportación en mi opinión: gran calidad. Los materiales, confección y toda la factura de todos los artículos de TD que he visto es muy destacable. Son artículos de materiales que se sienten y se ven bien al usarlos; las impresiones,  colores y acabados se ven como deben verse, son durables, las tallas son correctas y los precios, aunque más elevados que los de la mayoría de las marcas nacionales de streetwear, son asequibles. En la mayoría de sus artículos la calidad de TD es superior a lo que pueden encontrar en tiendas de fast fashion y está muy cerca de lo que ofrecen marcas internacionales de lifestyle como Stüssy o Fucking Awesome.

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Finalmente, TD tiene mojo. La mayoría de sus prendas tienen algo de inspiración en cultura pop. Sus referencias son sutiles y nunca exageradas, no se trata de eso, se trata de buen diseño y artículos cool. Las prendas de TD son streetwear basics, pero son muy acertadas en cuanto a las tendencias del momento respecto a siluetas, cortes, patrones y texturas, eso las hace accesibles para cualquiera y al mismo tiempo lucen actuales.

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Hasta ahora me he comprado dos crewnecks de Tony Delfino, pero he podido examinar muchos otros de sus artículos y hace unos meses pude visitar su showroom (que cerró esta semana, por cierto) y puedo decirles que la calidad se mantiene en todos sus productos. Eso es algo que el resto de las marcas deberían imitar. Eso y también eso otro de tener verdadera creatividad y cojones.

Justo cuando estaba por terminar de escribir esto me enteré de la ubicación del nuevo showroom de TD que abrirá el 19 de noviembre: Luis Moya #22 en el centro de CDMX. Y para nosotros los provincianos está la tienda online operada a través de Kichink (así que tiene sus bemoles) y recién avisaron que pronto tendrán nuevos productos disponibles: http://tonydelfino.com/

Música nueva que debes escuchar: Baltic Fleet – The Dear One

Baltic Fleet es el proyecto solista del multi-instrumentista Paul Flemming, de quien sólo sé que fue tecladista provisional de Echo & The Bunnymen. En 2008 inició con Baltic Fleet y se trata de (ugh, allí voy con las etiquetas) algo así como un post-rock frenético/bailable basado en sintetizadores con mucha influencia kraut.

Si ya han escuchado este proyecto sabrán que allí hay una innegable calidad musical, sin embargo, sus anteriores álbumes nunca me capturaron por completo. The Dear One me tuvo moviendo el pie y agitando milimétricamente la cabeza durante todo un día de odisea oficinista.

Hay tres formas de escuchar este álbum a tope:

  1. Con audífonos, en el transporte público mientras ves pasar la ciudad por la ventana.
  2. Con audífonos, ojos cerrados, en soledad, sin hacer nada más.
  3. A volumen estridente en un club con pura gente rara que no sabe bailar, pero que lo hace de todos modos.

Me gustó mucho.

Los animalitos de Grant Morrison: We3

Una recomendación rápida. Anoche revisité este cómic de Vertigo. Es la historia de tres mascotas, un perro, un gato y un conejo, que son secuestrados y utilizados en un experimento militar por el que acaban convertidos en cyborgs con grandes capacidades de combate. La historia inicia cuando los tres animales escapan de sus captores y deciden regresar a su hogar convertidos en feroces máquinas de matar, aunque eso no será tan fácil.

A pesar de su concepto extravagante (no podía ser menos que eso viniendo de Grant Morrison) es una historia conmovedora que recomiendo a cualquier entusiasta de la historieta, en especial para animal lovers. Acción loca y lagrimita, les digo.

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Música nueva que debes escuchar: The Shacks – The Shacks EP

The Shacks es una de esas bandas que aparecen de repente sin que me entere de dónde vienen. Es un pop áspero, perezoso y dramático, casi baladezco, casi de garage, que parece estar todavía sudoroso tras un one night stand con una banda de shoegaze. Regados por todo el disco hay pequeños acentos realmente cursis del pop de décadas pasadas; ciertos estribillos, punteos de guitarra, metales que parecen de música de elevador y redobles de esos que le sobraron a la bandas exageradamente blancas de la década pasada cuando querían sonar juguetonas; pero The Shacks hacen que tanta exageración suene exótica al contrastarla con su frialdad. Coolness y melodrama en la misma canción.