Nora

La primera niña que me gustó se llamaba Nora. Olía a eso que huelen las niñas que te gustan. Nunca se ponía el suéter del uniforme de la primaria, en lugar de eso llevaba uno blanco con un Alf todo deforme bordado al frente (les hablo de 1988 y Alf estaba hot as fuck en la cultura pop). No lo sabía en ese entonces, pero era una misfit y seguramente por eso me gustaba. Nos sentábamos juntos, porque primaria pública y a la menor oportunidad platicábamos de Voltron y Los Verdaderos Cazafantasmas, que eran los temas de nuestras respectivas loncheras, y de otras caricaturas.

Mis compañeros de ese entonces me daban una flojera tremenda, pero me entusiasmaba ir a la escuela para hablar con Nora. Sólo conviví con ella por un año porque después me adelantaron un par de grados y ya no fuimos compañeros. Años después me hice amigo de su hermano porque jugábamos mucho Street Fighter juntos y la reencontré. Se había convertido en una anodina fan de Fey y ya no olía a eso que huelen las niñas que te gustan. Con Nora comenzó mi preferencia por la compañía femenina y descubrí todas esas sensaciones raras e incómodas de cuando te atrae alguien. Y que siempre es bueno tener a alguien para hablar de la mierda rara que te gusta. Qué les puedo decir, todavía me gustan las mujeres que ven caricaturas y hablar de eso con ellas.

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Cosas que no recuerdas: The Storyteller

Nací en 1982 y en ese entonces no teníamos CGI. Bueno, no tanto. Teníamos poquito CGI. Pero no suficiente como para crear la maldita Tierra Media. Las Commodore no hacían eso. El cine y la TV eran muy distintos en ese entonces, en especial el cine de fantasía y ciencia ficción, pues las maravillas y rarezas que los realizadores se imaginaban tenían que ser creadas con felpa, papel maché, látex y unicel.

Crecí viendo películas y programas repletos de marionetas y efectos especiales físicos. Desde niño me intrigó cómo se creaban las criaturas y mundos fantásticos que veía en el cine. Eso me llevó a investigar mucho sobre la historia y los profesionales de los efectos especiales. Desde Willis O’brien hasta Stan Winston, sólo por mencionar un par de leyendas. La de los efectos especiales es una historia de magia de verdad, de la magia del cine (siempre he creído que esa expresión alcanza su mayor pureza cuando se refiere al cine de fantasía y horror). Entre todos los nombres que podría mencionar y sus obras, al que más le tengo aprecio es a Jim Henson.

Jim Henson fue un titiritero responsable de hitos pop como The Muppets, Sesame Street y las criaturas de Star Wars, por mencionar sólo unos pocos. Con esas tres franquicias quedó establecido que si necesitabas monos increíbles para tus películas, debías acudir a Henson. Sin embargo, para mí uno de sus mejores y más memorables trabajos es un poco oscuro y tuvo una presencia fugaz en TV, les hablo de una miniserie llamada The Storyteller.

En su primera temporada, conformada por 9 episodios,  The Storyteller retoma algunos cuentos clásicos del folclor europeo. Algunos son formas primitivas de cuentos que con el tiempo se volvieron muy famosos. Otros no son tan célebres, pero inspiraron algunas grandes historias, como El Soldado y la Muerte (mi episodio favorito de la serie) que es un antiguo relato ruso en el que se basó B. Traven para escribir Macario.

Cabe mencionar que uno de los creadores de la serie y guionista de la mayoría de los espisodios es el fallecido Anthiony Minghella, prolífico escritor, director y productor cuya obra más conocida es The English Patient, película con la que ganó el Oscar a mejor director y mejor película en 1996.

Bueno, la serie oficialmente se titula Jim Henson’s The Storyteller por una razón; su magia entra en juego con las criaturas que aparecen en cada uno de estos relatos. Los cuentos incluyen uno o más seres fantásticas y es ahí donde la narrativa de la serie brilla con las creaciones del taller de Henson. Aparece un amplio rango de marionetas, desde los clásicos muppets peludos, hasta algunos villanos mitológicos realmente tétricos. También hay un destacado trabajo de maquillaje y caracterización.

Un cosa genial de la primera temporada de la serie es que el Narrador de Cuentos  es interpretado por el recientemente fallecido John Hurt (además de contar las historias aparece como personaje), así que en ese sentido pueden esperar una gran actuación y narración.

La segunda temporada de The Storyteller dio un giro a la fórmula y en lugar de antiguos cuentos europeos se basó en mitología griega. Se retoman los mitos de Perseo y Medusa, Ícaro y Dédalo, Teseo y el Minotauro, y Orfeo y Eurídice.

The Storyteller me parece uno de los trabajos más especiales de Jim Henson. Lo veo como una evolución de los conceptos de TV por los que es más conocido, como Sesame Street y Fraggle Rock. Creo que es para los niños de los ochenta , aunque en una escala mucho, mucho menor, lo que Harry Potter fue posteriormente: un producto narrativo basado en mitología, dirigido a un público que abandona el mercado infantil y busca un poco más de oscuridad y sofisticación. Vaya, son historias para niños, pero no están tan edulcoradas y pasteurizadas. Tienen dientes, pues. No sé si se trata de una serie muy recordada, pero para mí es una de las joyas de la TV de los 80.

Pueden ver todos los episodios de The Storyteller, tanto en inglés como en español (con un doblaje muy digno), en YouTube.

Inglés:

Temporada 1

Temporada 2

Español:

Step up your guac-game!

El guacamole, como todos los asuntos de elegancia en la vida, guarda sus secretos ancestrales en las proporciones. ¿Qué no estamos hablando de aguacate machacado con algunos condimentos y ya? Sí, pero la diferencia entre un puré olvidable y una life-changing experience de sabor está en los ingredientes y proporciones que pueden enmarcar la perfección del aguacate.

Tengo una receta muy molona de guacamole que he trabajado por algunos años. Es guacamole con queso de cabra y, si quieren probar una botana fancy y fácil de preparar, deberían intentarlo.

GUACAMÖSOM CON QUESO DE CABRA

Necesitas:

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  • 2 aguacates grandes, maduros  y maravillosos
  • 100 g. de queso de cabra a temperatura ambiente
  • 1 cucharada de curry en polvo
  • 1 cucharada de orégano seco
  • 2 cucharadas de aceite de oliva extravirgen
  • 2 cucharadas de vinagre balsámico
  • 2 cucharadas de jugo de limón
  • ½ taza de crema ácida (Santa Clara, de preferencia)
  • 50 g. de cebolla blanca  picada (aprox. una cebolla pequeña)
  • 1 diente de ajo grande, picado
  • 1 chile jalapeño grande, picado
  • 2 cucharadas de caldo de pollo en polvo

Bueno, el procedimiento no puede ser más simple: en un tazón amplio hay que machacar el aguacate con una cuchara e incorporar los ingredientes uno por uno, excepto el queso. No recomiendo hacerlo en licuadora o procesador, porque me gusta con una textura grumosa y espesa.

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Cuando el guacamole tenga la consistencia deseada (eso es al gusto, drugos) simplemente hay que servirlo y colocar el queso sobre él, ya sea cortado o desmoronado. It’s fucking ready!

Lo que me gusta de esta versión del guacamole es la mezcla de texturas y las capas de acidez y retrogusto que conviven con el aguacate, que, a pesar de tener mucha compañía de otros ingredientes, se mantiene como el acto principal.

Para comerlo recomiendo usar pan tostado (como bruschettas), tostadas de maíz, totopos o chips, pero recomiendo que sea lo que sea, elijan algo con poca sal, pues el guacamole tiene un sabor potente y necesita contrastarse con algo más básico. Se puede refrigerar, pero es mucho mejor si se consume todo justo después de prepararlo. De nada.

Está en internet… ¡Debe ser verdad! O no.

Snopes.com… Este sitio es entretenimiento puro. Snopes se encarga de desmitificar leyendas urbanas. En lugar de leyendas urbanas yo les llamaría leyendas o mitos pop. En su archivo puedes encontrar casi cualquier hecho curioso de la cultura pop y el folclor desde mediados del Siglo XX hasta nuestros días; cada uno se presenta con sus orígenes, explicaciones y los registros de fuentes y evidencias que muestran cómo algún acontecimiento curioso dio el salto a convertirse en mito dentro del mainstream cultural de occidente.

Más historias como ésta en Snopes.com

En cada leyenda o mito se especifica si se trata de un hecho confirmado, una mentira o si no se ha podido comprobar por completo. En particular disfruto mucho la categoría de Disney y de crimen. Si se topan con algún dato curioso, búsquenlo en Snopes

Dope-cumentaries!

Si gustan conocer un poco más de ese indefinible complejo llamado “moda urbana”, Netflix México tiene ahora en su catálogo dos muy buenos documentales.

Sneakerheadz hace un breve recuento histórico de la cultura del coleccionismo de tenis y ofrece un vistazo de diversos aspectos del panorama actual de esta afición a nivel global. Lo mejor es que lo hace con testimonios de algunos de los más importantes personajes de la escena sneakerhead. Es un documental muy bueno si quieres saber de qué se trata el lifestyle de quienes coleccionamos sneakers. 

Y en el tema de la ropa,  Fresh Dressed hace más o menos lo mismo  que Sneakerheadz, pero en este caso se trata de la evolución de la moda dentro de la cultura hip hop y cómo esta se convirtió en parte integral de la moda urbana y el streetwear, alcanzado en algunos casos los terrenos de la high fashion. De nuevo, aparecen personajes importantes del hip hop y la moda. Good stuff. 

Ambos documentales están son muy buen punto de partida para conocer dos de las más importantes vertientes culturales en la moda actual.

Vintage Junk: Crunch Tato’s

Aunque no lo crean, a principios de los 90 la variedad de snacks salados que teníamos disponibles en México era mayor que la que hay actualmente. Sabritas y Barcel tenían un montón de productos que ya no existen. Seguramente no todos tenían muchos fans y por eso ya no existen. En fin, la mercadotecnia tiene sus motivos. Entre esos fenecidos productos uno que recuerdo mucho son las papas fritas Crunch Tato’s.

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Las Crunch Tato’s fueron la versión mexicana adaptada por Sabritas de las Crunch Tators de Frito Lay, también ya desaparecidas. Por eso el cocodrilo del empaque. Taters es una forma coloquial de referirse a las papas y, pues, taters, gator (por alligator o cocodrilo), em… Eso pasado por la mente de un no muy buen mercadologo y llegamos a Tators. Crunch Tators, got it? Definitivamente no el mejor branding del mundo.

¿Qué tenían de especial? Se anunciaban como papas muy crujientes y lo eran. Con lo que sé de cocina ahora, casi puedo asegurar que eran papas sometidas a una doble fritura en caldero y por eso eran tan crujientes. De alguna manera eran las Chips de Sabritas. Los sabores eran sal, jalapeño y “a las brasas”. Éstas últimas en realidad eran sabor salsa bbq picante y ahumada, de hecho, el nombre original de este sabor en Estados Unidos era Mighty Mesquite. La variedad “a las brasas” era realmente buena, fueron mi snack favorito durante el par de años que existieron.

Y éste era el comercial übercheesy con que se promocionaban. Nótese el pésimo lipsync en el doblaje.

Bueno, las papas de verdad eran buenas. Si no me creen a mí, pueden creerle a Kevin McCallister. Un experto estratega militar como él seguro sabe de snacks.

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The Hard Times: la lucha de ser punk es real

The Hard Times es como The Onion pero de la escena punk independiente. Si alguna vez tuviste una banda que no llegó a ningún lugar por falta de oportunidades (o de talento) seguramente te identificarás con estas historias sobre el absurdo suburbano de vivir en el nivel más bajo y cutre de la cadena alimenticia del rock.

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La diversión está acá: http://thehardtimes.net/

Sister Ectoplasma: Milkshake-fueled sexy noise

No soy adulto. Soy un adolescente con veinte años de experiencia. Me gusta decir eso y creo que es cierto. A pesar de las articulaciones ya un poco maltrechas y la piel no tan lozana, me siento muy en sintonía con mi yo adolescente. Las mismas inquietudes, las mismas pasiones. 🙂 Los mismos problemas, las mismas inseguridades. 😦 ¿No he madurado? Bueno, no creo en eso. No creo que exista la madurez. Creo que adaptarse a las circunstancias materiales y a los requerimientos sociales no tiene nada de maduro. Simplemente es lidiar con lo que hay. A mi personalidad estacionada en la adolescencia la interpreto como que en realidad formé mi verdadera identidad desde muy joven. Siempre me gustaron cosas grandiosas y trascendentes, por eso no tuve que dejar atrás a Limp Bizkit, Papa Roach y a otras cosas así. Good shit surpasses nostalgia. Mi adolescencia no consistió en fads, no se trató de seguir modas o encajar en un grupo. Siempre me he tratado del apasionamiento por las cosas que me gustan y creo que eso es lo que me mantiene joven, disidente y en búsqueda de cosas nuevas y emocionantes que alimenten ese apasionamiento. Eso es lo que me conserva (orgullosamente) adolescente.

Y cuando reconozco ese mismo ímpetu adolescente en la música me lleno de felicidad. No es algo común, mucha música está construida sobre poses, y lugares comunes, por eso lo que hace Sister Ectoplasma me parece entrañable. Sister es una chica de la ciudad donde vivo (León). No conozco mucho de su historia, porque no la frecuento tanto. Sé que tiene 27/28 años. Tiene un rostro conejil y toca la guitarra en su propia banda, con quienes toca canciones que nadie parece entender.

sise02Una vez le dije a Sister Ectoplasma que estaba vestida de 1996. Además de que fue un comentario übercharming de mi parte (y que le encantó, desde luego), también es un adecuado resumen de las intenciones de la Ecto. Ella no es una teen de los noventa. Ella padece esa extraña nostalgia de la generación Z, por la que añoran épocas que no vivieron. A Sister Ectoplasma le gustan los Simpson, Married with Children, Hole, Kittie y otras cosas que hacen parecer que nació diez años tarde.

No tengo idea de cómo opera la banda, pero hasta ahora han publicado un EP y un single en formato digital. Creo que Sister escribe las canciones mientras ve TV en su alcoba y luego la banda completa se encarga de vestirlas. Creo. El resultado es como pop-grunge-emo con un dejo riot-grrrly o una mezcla de cosas noventeras que te recuerdan a todas las bandas eminentemente finiseculares con una frontgirl, como Garbage, Sleeper, Le Tigre, Breeders, pero con más ingenuidad y autenticidad. Sister Ectoplasma is bona fide lo-fi gourmet shit. Es como shoegaze con presupuesto sub-garage; es como unos buenos nachos con queso. Y todo eso que digo es algo bueno.

La cosa con Sister Ectoplasma es que es transparente. Sufre como adolescente porque así siente las cosas y es así como lo expresa. Sus canciones obviamente hablan de chicos, corazones rotos, sexo, baja autoestima, inseguridad, paranoia, celos, más sexo y bueno, ya me entendieron,  cosas de adolescentes, que en realidad son las mismas cosas que nos atormentan después, pero que la sociedad dice quedemos ignorar y conformarnos con un sistema de convencionalismos para regular nuestra conducta (todo eso es mi interpretación, algún día le preguntaré a Sister de qué se tratan realmente sus canciones). ¿Cómo no disfrutar de tan honestos devaneos de una chica que entiende que esas cosas no se superan y sólo se ignoran?

Para mí el lenguaje de la adolescencia es la alineación básica del rock: una guitarra, un bajo y una batería. Con eso basta para expresar el drama, la frustración sexual, la falta de identificación y todas las crisis que nos hacen estar enojados a los diez y seis  años. Y a los veinticinco. Y a los treinta y cuatro… El ímpetu, la intimidad, las texturas adecuadas y una sensibilidad femenina muy cercana son los detalles que hacen que Sister Ectoplasma me resulte un proyecto cautivador. Me gustaría que fueran menos low-key, pero vamos, esa intimidad es clave y no necesariamente es accesible para los de por sí viciados público y escena musical de México. Si a ustedes les gusta sentir esa dramática comezón de la angustia adolescente visiten a Sister Ectoplasma en sister-ectoplasma.bandcamp.com y compren su música. Pueden descargarla sin costo, pero vamos, son canciones hormonales que valen por lo menos un dólar cada una. Y, créanme, su dinero será bien aprovechado en comida chatarra, malteadas y cervezas.

Sister Ectoplasma, no seas incrédula. Nos gusta tu cara, nos gusta tu música.


De cómo aprendí a dejar de preocuparme y a amar a la bomba

Desde los 10 años he envidiado la juventud ajena. Nunca quise crecer. Trágico, porque es inevitable. Crecer es frustrante. A los 10 quería tener 5 para tener mucho tiempo libre y ver Transformers y Looney Tunes. A los 13 quería tener 9 para olvidarme de las niñas que me gustaban y enforcarme en lo que realmente importa: Nintendo. A los 15… a los 15 lo pasé increíble, porque los noventa fueron fabulosos y no cambiaría nada en ese tiempo.

A los 30 estaba convencido de que no hay mejor edad que los 21, porque cumplir 30 es horrible; es cuando te percatas de como, a pesar de toda tu vanidad, llevas por lo menos 25 años cagándola en variedad de situaciones.

A los 34 ya entendí el patrón y me gustaría tener 25. Pero sólo me gustaría tener mi cuerpo de 25 años y 55 kilos, capaz de comer, sin consecuencia alguna, toda la comida chatarra que quisiera (siempre he creído que nacemos con un hoyo negro en el estómago que desintegra los Cheetos, pizza y Snickers que le arrojamos y que éste se apaga a los 26). Cuerpo de 25, porque viene con más belleza y bríos, pero me gustaría ser quien soy hoy, de entrada porque soy mucho más listo, con más información, más ropa, más estilo y chingos más de lifesmarts. Todas las cosas buenas de los tiempos jóvenes las atesoro en mi cabeza y las vivo todavía, incluidos el Nintendo (tengo como 12 Nintendos) y el hábito de ver Transformers. No he crecido mucho, solo he mejorado. Soy mucho mejor a pesar de los 34. Hay cosas sobre ser adulto que están de la cola, pero las ventajas son más, el dinero, principalmente. Y los amigos. A los 34 ya tienes a los mejores amigos, los que tendrás hasta los 64 y más allá. Los amigos, la música y la ropa bonita siempre deben ser las prioridades principales. Y las chicas… Las chicas me siguen apendejando brutalmente y no he aprendido nada al respecto, salvo que ellas están igual o peor.

Cada día pienso menos en ser joven y más en mis obsesiones, cada día me apasionan más las cosas y me encanta ser así. A muchos les parecerá que dejar caer una aguja sobre un disco de plástico o sentarse a escribir en un escritorio feo es cero apasionante, pero, hey, son jóvenes, ignorantes, tienen mal gusto y eso me hace muy fácil no envidiarlos. La juventud no es nuestra culpa y, afortunadamente, se cura.

Los Pinche Odio – Parte 1: En el transporte público

Algunos de mis enemigos en el transporte público:

  • Los que no permiten bajar antes de abordar.
  • Los que se estacionan en el área de la puerta y estorban a los que quieren bajar o abordar.
  • La gente que empuja como linebacker de la NFL sin siquiera pedir permiso.
  • La gente que usa crema Hinds o desodorante Brut.
  • Los que cenaron burritos la noche anterior.
  • Los que te hablan aunque traes puestos los audífonos.
  • Los ancianos que operan bajo la consigna “yo ya viví seis décadas, no tengo tiempo para formarme, no tengo tiempo para ser cortés y voy a sentarme a como dé lugar”.
  • Toda la pinche gente que me pisa los tenis.