Step up your guac-game!

El guacamole, como todos los asuntos de elegancia en la vida, guarda sus secretos ancestrales en las proporciones. ¿Qué no estamos hablando de aguacate machacado con algunos condimentos y ya? Sí, pero la diferencia entre un puré olvidable y una life-changing experience de sabor está en los ingredientes y proporciones que pueden enmarcar la perfección del aguacate.

Tengo una receta muy molona de guacamole que he trabajado por algunos años. Es guacamole con queso de cabra y, si quieren probar una botana fancy y fácil de preparar, deberían intentarlo.

GUACAMÖSOM CON QUESO DE CABRA

Necesitas:

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  • 2 aguacates grandes, maduros  y maravillosos
  • 100 g. de queso de cabra a temperatura ambiente
  • 1 cucharada de curry en polvo
  • 1 cucharada de orégano seco
  • 2 cucharadas de aceite de oliva extravirgen
  • 2 cucharadas de vinagre balsámico
  • 2 cucharadas de jugo de limón
  • ½ taza de crema ácida (Santa Clara, de preferencia)
  • 50 g. de cebolla blanca  picada (aprox. una cebolla pequeña)
  • 1 diente de ajo grande, picado
  • 1 chile jalapeño grande, picado
  • 2 cucharadas de caldo de pollo en polvo

Bueno, el procedimiento no puede ser más simple: en un tazón amplio hay que machacar el aguacate con una cuchara e incorporar los ingredientes uno por uno, excepto el queso. No recomiendo hacerlo en licuadora o procesador, porque me gusta con una textura grumosa y espesa.

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Cuando el guacamole tenga la consistencia deseada (eso es al gusto, drugos) simplemente hay que servirlo y colocar el queso sobre él, ya sea cortado o desmoronado. It’s fucking ready!

Lo que me gusta de esta versión del guacamole es la mezcla de texturas y las capas de acidez y retrogusto que conviven con el aguacate, que, a pesar de tener mucha compañía de otros ingredientes, se mantiene como el acto principal.

Para comerlo recomiendo usar pan tostado (como bruschettas), tostadas de maíz, totopos o chips, pero recomiendo que sea lo que sea, elijan algo con poca sal, pues el guacamole tiene un sabor potente y necesita contrastarse con algo más básico. Se puede refrigerar, pero es mucho mejor si se consume todo justo después de prepararlo. De nada.

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Está en internet… ¡Debe ser verdad! O no.

Snopes.com… Este sitio es entretenimiento puro. Snopes se encarga de desmitificar leyendas urbanas. En lugar de leyendas urbanas yo les llamaría leyendas o mitos pop. En su archivo puedes encontrar casi cualquier hecho curioso de la cultura pop y el folclor desde mediados del Siglo XX hasta nuestros días; cada uno se presenta con sus orígenes, explicaciones y los registros de fuentes y evidencias que muestran cómo algún acontecimiento curioso dio el salto a convertirse en mito dentro del mainstream cultural de occidente.

Más historias como ésta en Snopes.com

En cada leyenda o mito se especifica si se trata de un hecho confirmado, una mentira o si no se ha podido comprobar por completo. En particular disfruto mucho la categoría de Disney y de crimen. Si se topan con algún dato curioso, búsquenlo en Snopes

Dope-cumentaries!

Si gustan conocer un poco más de ese indefinible complejo llamado “moda urbana”, Netflix México tiene ahora en su catálogo dos muy buenos documentales.

Sneakerheadz hace un breve recuento histórico de la cultura del coleccionismo de tenis y ofrece un vistazo de diversos aspectos del panorama actual de esta afición a nivel global. Lo mejor es que lo hace con testimonios de algunos de los más importantes personajes de la escena sneakerhead. Es un documental muy bueno si quieres saber de qué se trata el lifestyle de quienes coleccionamos sneakers. 

Y en el tema de la ropa,  Fresh Dressed hace más o menos lo mismo  que Sneakerheadz, pero en este caso se trata de la evolución de la moda dentro de la cultura hip hop y cómo esta se convirtió en parte integral de la moda urbana y el streetwear, alcanzado en algunos casos los terrenos de la high fashion. De nuevo, aparecen personajes importantes del hip hop y la moda. Good stuff. 

Ambos documentales están son muy buen punto de partida para conocer dos de las más importantes vertientes culturales en la moda actual.

Vintage Junk: Crunch Tato’s

Aunque no lo crean, a principios de los 90 la variedad de snacks salados que teníamos disponibles en México era mayor que la que hay actualmente. Sabritas y Barcel tenían un montón de productos que ya no existen. Seguramente no todos tenían muchos fans y por eso ya no existen. En fin, la mercadotecnia tiene sus motivos. Entre esos fenecidos productos uno que recuerdo mucho son las papas fritas Crunch Tato’s.

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Las Crunch Tato’s fueron la versión mexicana adaptada por Sabritas de las Crunch Tators de Frito Lay, también ya desaparecidas. Por eso el cocodrilo del empaque. Taters es una forma coloquial de referirse a las papas y, pues, taters, gator (por alligator o cocodrilo), em… Eso pasado por la mente de un no muy buen mercadologo y llegamos a Tators. Crunch Tators, got it? Definitivamente no el mejor branding del mundo.

¿Qué tenían de especial? Se anunciaban como papas muy crujientes y lo eran. Con lo que sé de cocina ahora, casi puedo asegurar que eran papas sometidas a una doble fritura en caldero y por eso eran tan crujientes. De alguna manera eran las Chips de Sabritas. Los sabores eran sal, jalapeño y “a las brasas”. Éstas últimas en realidad eran sabor salsa bbq picante y ahumada, de hecho, el nombre original de este sabor en Estados Unidos era Mighty Mesquite. La variedad “a las brasas” era realmente buena, fueron mi snack favorito durante el par de años que existieron.

Y éste era el comercial übercheesy con que se promocionaban. Nótese el pésimo lipsync en el doblaje.

Bueno, las papas de verdad eran buenas. Si no me creen a mí, pueden creerle a Kevin McCallister. Un experto estratega militar como él seguro sabe de snacks.

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The Hard Times: la lucha de ser punk es real

The Hard Times es como The Onion pero de la escena punk independiente. Si alguna vez tuviste una banda que no llegó a ningún lugar por falta de oportunidades (o de talento) seguramente te identificarás con estas historias sobre el absurdo suburbano de vivir en el nivel más bajo y cutre de la cadena alimenticia del rock.

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La diversión está acá: http://thehardtimes.net/

Sister Ectoplasma: Milkshake-fueled sexy noise

No soy adulto. Soy un adolescente con veinte años de experiencia. Me gusta decir eso y creo que es cierto. A pesar de las articulaciones ya un poco maltrechas y la piel no tan lozana, me siento muy en sintonía con mi yo adolescente. Las mismas inquietudes, las mismas pasiones. 🙂 Los mismos problemas, las mismas inseguridades. 😦 ¿No he madurado? Bueno, no creo en eso. No creo que exista la madurez. Creo que adaptarse a las circunstancias materiales y a los requerimientos sociales no tiene nada de maduro. Simplemente es lidiar con lo que hay. A mi personalidad estacionada en la adolescencia la interpreto como que en realidad formé mi verdadera identidad desde muy joven. Siempre me gustaron cosas grandiosas y trascendentes, por eso no tuve que dejar atrás a Limp Bizkit, Papa Roach y a otras cosas así. Good shit surpasses nostalgia. Mi adolescencia no consistió en fads, no se trató de seguir modas o encajar en un grupo. Siempre me he tratado del apasionamiento por las cosas que me gustan y creo que eso es lo que me mantiene joven, disidente y en búsqueda de cosas nuevas y emocionantes que alimenten ese apasionamiento. Eso es lo que me conserva (orgullosamente) adolescente.

Y cuando reconozco ese mismo ímpetu adolescente en la música me lleno de felicidad. No es algo común, mucha música está construida sobre poses, y lugares comunes, por eso lo que hace Sister Ectoplasma me parece entrañable. Sister es una chica de la ciudad donde vivo (León). No conozco mucho de su historia, porque no la frecuento tanto. Sé que tiene 27/28 años. Tiene un rostro conejil y toca la guitarra en su propia banda, con quienes toca canciones que nadie parece entender.

sise02Una vez le dije a Sister Ectoplasma que estaba vestida de 1996. Además de que fue un comentario übercharming de mi parte (y que le encantó, desde luego), también es un adecuado resumen de las intenciones de la Ecto. Ella no es una teen de los noventa. Ella padece esa extraña nostalgia de la generación Z, por la que añoran épocas que no vivieron. A Sister Ectoplasma le gustan los Simpson, Married with Children, Hole, Kittie y otras cosas que hacen parecer que nació diez años tarde.

No tengo idea de cómo opera la banda, pero hasta ahora han publicado un EP y un single en formato digital. Creo que Sister escribe las canciones mientras ve TV en su alcoba y luego la banda completa se encarga de vestirlas. Creo. El resultado es como pop-grunge-emo con un dejo riot-grrrly o una mezcla de cosas noventeras que te recuerdan a todas las bandas eminentemente finiseculares con una frontgirl, como Garbage, Sleeper, Le Tigre, Breeders, pero con más ingenuidad y autenticidad. Sister Ectoplasma is bona fide lo-fi gourmet shit. Es como shoegaze con presupuesto sub-garage; es como unos buenos nachos con queso. Y todo eso que digo es algo bueno.

La cosa con Sister Ectoplasma es que es transparente. Sufre como adolescente porque así siente las cosas y es así como lo expresa. Sus canciones obviamente hablan de chicos, corazones rotos, sexo, baja autoestima, inseguridad, paranoia, celos, más sexo y bueno, ya me entendieron,  cosas de adolescentes, que en realidad son las mismas cosas que nos atormentan después, pero que la sociedad dice quedemos ignorar y conformarnos con un sistema de convencionalismos para regular nuestra conducta (todo eso es mi interpretación, algún día le preguntaré a Sister de qué se tratan realmente sus canciones). ¿Cómo no disfrutar de tan honestos devaneos de una chica que entiende que esas cosas no se superan y sólo se ignoran?

Para mí el lenguaje de la adolescencia es la alineación básica del rock: una guitarra, un bajo y una batería. Con eso basta para expresar el drama, la frustración sexual, la falta de identificación y todas las crisis que nos hacen estar enojados a los diez y seis  años. Y a los veinticinco. Y a los treinta y cuatro… El ímpetu, la intimidad, las texturas adecuadas y una sensibilidad femenina muy cercana son los detalles que hacen que Sister Ectoplasma me resulte un proyecto cautivador. Me gustaría que fueran menos low-key, pero vamos, esa intimidad es clave y no necesariamente es accesible para los de por sí viciados público y escena musical de México. Si a ustedes les gusta sentir esa dramática comezón de la angustia adolescente visiten a Sister Ectoplasma en sister-ectoplasma.bandcamp.com y compren su música. Pueden descargarla sin costo, pero vamos, son canciones hormonales que valen por lo menos un dólar cada una. Y, créanme, su dinero será bien aprovechado en comida chatarra, malteadas y cervezas.

Sister Ectoplasma, no seas incrédula. Nos gusta tu cara, nos gusta tu música.


De cómo aprendí a dejar de preocuparme y a amar a la bomba

Desde los 10 años he envidiado la juventud ajena. Nunca quise crecer. Trágico, porque es inevitable. Crecer es frustrante. A los 10 quería tener 5 para tener mucho tiempo libre y ver Transformers y Looney Tunes. A los 13 quería tener 9 para olvidarme de las niñas que me gustaban y enforcarme en lo que realmente importa: Nintendo. A los 15… a los 15 lo pasé increíble, porque los noventa fueron fabulosos y no cambiaría nada en ese tiempo.

A los 30 estaba convencido de que no hay mejor edad que los 21, porque cumplir 30 es horrible; es cuando te percatas de como, a pesar de toda tu vanidad, llevas por lo menos 25 años cagándola en variedad de situaciones.

A los 34 ya entendí el patrón y me gustaría tener 25. Pero sólo me gustaría tener mi cuerpo de 25 años y 55 kilos, capaz de comer, sin consecuencia alguna, toda la comida chatarra que quisiera (siempre he creído que nacemos con un hoyo negro en el estómago que desintegra los Cheetos, pizza y Snickers que le arrojamos y que éste se apaga a los 26). Cuerpo de 25, porque viene con más belleza y bríos, pero me gustaría ser quien soy hoy, de entrada porque soy mucho más listo, con más información, más ropa, más estilo y chingos más de lifesmarts. Todas las cosas buenas de los tiempos jóvenes las atesoro en mi cabeza y las vivo todavía, incluidos el Nintendo (tengo como 12 Nintendos) y el hábito de ver Transformers. No he crecido mucho, solo he mejorado. Soy mucho mejor a pesar de los 34. Hay cosas sobre ser adulto que están de la cola, pero las ventajas son más, el dinero, principalmente. Y los amigos. A los 34 ya tienes a los mejores amigos, los que tendrás hasta los 64 y más allá. Los amigos, la música y la ropa bonita siempre deben ser las prioridades principales. Y las chicas… Las chicas me siguen apendejando brutalmente y no he aprendido nada al respecto, salvo que ellas están igual o peor.

Cada día pienso menos en ser joven y más en mis obsesiones, cada día me apasionan más las cosas y me encanta ser así. A muchos les parecerá que dejar caer una aguja sobre un disco de plástico o sentarse a escribir en un escritorio feo es cero apasionante, pero, hey, son jóvenes, ignorantes, tienen mal gusto y eso me hace muy fácil no envidiarlos. La juventud no es nuestra culpa y, afortunadamente, se cura.

Los Pinche Odio – Parte 1: En el transporte público

Algunos de mis enemigos en el transporte público:

  • Los que no permiten bajar antes de abordar.
  • Los que se estacionan en el área de la puerta y estorban a los que quieren bajar o abordar.
  • La gente que empuja como linebacker de la NFL sin siquiera pedir permiso.
  • La gente que usa crema Hinds o desodorante Brut.
  • Los que cenaron burritos la noche anterior.
  • Los que te hablan aunque traes puestos los audífonos.
  • Los ancianos que operan bajo la consigna “yo ya viví seis décadas, no tengo tiempo para formarme, no tengo tiempo para ser cortés y voy a sentarme a como dé lugar”.
  • Toda la pinche gente que me pisa los tenis.

M.

“La química humana es un misterio y no lo entiendo, algunas personas… simplemente se sienten como estar en casa”. Eso dice Nick Hornby en High Fidelity. Tiene razón. Algunas personas se sienten como estar tirado en tu cama, en tu cuarto, en la tardía mañana de un domingo mientras ves T.V. Algunas personas realmente se sienten como estar en casa. M. se sentía como estar en casa.

Mi historia con M. es a la vez muy simple y muy compleja. Es muy larga, de muchos años… Pero nuestro tiempo juntos no fue mucho. No sé si M. es la gran chica que se fue. No lo sé. No sé si ese fue su rol en mi historia. Sería entonces uno de mis más grandes errores. No puedo recordarla así. Me niego a asumir que mi relación con M. fue algo que debo recordar con tristeza. Claro, tal vez no es cosa de percepciones. Tal vez la cagué monumentalmente y ella es la gran chica que se fue.

No sé cómo describir nuestra relación. No sé lo que fue. Había mucho amor allí, aunque creo que eso lo supe mucho después. Demasiado tarde. Había una gran amistad y una profunda admiración mutua. Y creo que ambos éramos felices cuando estábamos juntos. La primera canción que escuchamos juntos fue “Los Calientes” de Babasónicos. No creo que M. recuerde eso. Yo sí, porque recordar todo es mi maldición.

No olvido y ya saben… Soy cursi y esas cosas. Antes de M. creí haber estado enamorado una vez, luego supe que era confort y obsesión, no sin antes pasar por años de drama. Creo que M. fue la primera chica de la que me enamoré, aunque no lo sabía en ese entonces. Con el tiempo lo entendí. Demasiado tarde.

M. y yo hablamos mucho. Nos conocimos, creo, en una etapa muy pretenciosa. Hablábamos sobre psicología, filosofía, literatura, danza, drogas, nos contábamos historias. Me agrada mucho hablar. Me agrada mucho escuchar. Siempre busco eso y pocas personas han resultado tan estimulantes para mí como M. Cuando estábamos juntos hablábamos. Hablábamos y nos tocabamos. Eso. Por horas. No hacíamos otras cosas. Sólo conversábamos y dejamos que nuestros cuerpos se acercaran, por horas. Puedo decir que mi relación con M. ha sido la más estimulante que he tenido, intelectual y sexualmente.

Había algo muy intenso entre nosotros y creo que nunca existió ese periodo de inseguridad e incomodidad que a veces sientes con algunas personas. Nuestro acercamiento sexual fue, simplemente, muy natural, sin prisas, ni presión, pero también sin incertidumbre y eso fue muy satisfactorio. Una de las imágenes más eróticas en mi memoria es el rostro de M. alejándose de mí lentamente, después de besarnos sin parar por minutos que parecían horas. Mi rostro acababa entumecido por tanta acción. Y ella se quedaba en pausa por unos segundos con los ojos cerrados y los labios entreabiertos y una respiración suave pero intensa. Sabía que me deseaba tanto como yo a ella. “Son preciosos nuestros besos a las afueras del pueblo” dice una canción de Iván Ferreiro (S.P.N.B.). Cuando recuerdo a M. siempre pienso en esa canción. Hasta hoy creo que los besos deben sentirse como se sentían los besos con ella; mi idea de cómo se debe sentir acariciar unas piernas es lo que sentí al acariciar las suyas… That’s the gold standard. Me gustaría tener el talento de Caitlin Moran para describir lo épico de esos besos; creo que fueron el equivalente en mi vida a cuando Dolly Wild pierde su virginidad en “How To Build A Girl”. How to build a dream girl, en mi caso.

Sólo les cuento las cosas como las sentí. No es que se trate de la gran historia o que nuestra relación tuviese algo de especial, no era The World’s Ultimate Relationship! Aunque así se sentía para mí. Y antes de que crean que esto es creepy, les aseguro que no es una obsesión psicópata, al contrario, M. y yo somos buenos amigos y por años hemos hablado de cómo nos sentimos y de lo que pasó entre nosotros. Simplemente fue la relación que para mí definió cómo quiero sentirme emocional y sexualmente al estar con una pareja.

La mayoría de las veces tenemos sexo superficial. No, no me malentiendan, no me refiero a una visión rosa en que el sexo deba ir de la mano de un incalculable amor romántico a lo Hollywood. Le llamo sexo superficial a esas veces en que usamos (usamos es la palabra clave) a otra persona para descargarnos, en que no buscamos compañía de verdad, sino solo un pedazo de carne para frotarnos, que podría ser cualquiera. Nos usamos sexualmente. Nuestras hormonas y nuestra cultura a veces nos obligan a tener sexo muy superficial y eso no está mal, para nada, a veces es justo lo que necesitamos, pero esa podría ser una mejor experiencia si nuestro medio sociocultural no nos hiciera tan torpes para comunicarnos en ese sentido; la sexualidad se pervierte por la hipocresía y la falta de comunicación. Eso nos hace egoístas, eso complica el sexo, eso crea esas desdeñables relaciones de poder, los complejos, las culpas y finalmente trunca la experiencia compartida que debería ser la sexualidad. En ese nivel de egoísmo, el sexo es desprovisto de cualquier emoción real, de reconocimiento y empatía… Es masturbarse con un prop viviente. Eso ya no me satisface. Creo que hay un nivel más pleno en el que realmente conectamos sexual y personalmente con alguien, cuando realmente nos sentimos como en casa debido a esa misteriosa química de la que habla Hornby.

Hay un nivel de sexo en el que damos un paso más allá de esa superficialidad. En ese nivel dejamos de acompañarnos de objetos sexuales y convivimos como sujetos sexuales. En ese nivel encontramos comunión y reciprocidad. Un auténtico deseo mutuo. Ese es el nivel del que hablo. De esa experiencia que va más allá del “estoy cogiendo” y llega al “estoy con esta persona que me encanta porque representa el ideal de las cosas que deseo y de las que quiero ser parte en este momento”.  Y tú representas lo mismo para esa persona. De otro modo no funciona. Sí, suena raro, un poco cursi y profundamente idealista. Pero a veces ocurre, aunque son pocas veces y no siempre lo valoramos. Creo que M. y yo estuvimos en ese nivel sin darnos cuenta. Igual que todo con ella, lo entendí después, muy tarde.

De nuevo, esto no necesariamente implica una relación amorosa, pero sí una relación de profundo respeto, admiración y deseo de bienestar para tu acompañante. Antes de M. yo ya tenía algo de experiencia: conforme la fui conociendo me di cuenta de que había algo en ella que me brindaba una satisfacción distinta y desconocida hasta ese entonces para mí. No es que las chicas con las que estuve antes no fueran especiales, de hecho las recuerdo con cariño, fue un periodo muy especial en mi vida, pero nunca sentí ese nivel extra de satisfacción. Incluso LA GRAN EX estuvo antes (y después), pero no, ella no se sentía como estar en casa.

Todos tenemos una idea distinta de lo que “debe” ser el sexo. Nuestras expectativas están basadas en un conjunto de paradigmas personales, emocionales, estéticos, sensoriales, afectivos, culturales… Un modelo de modelos sobre la experiencia sexual y eso desde luego incluye a las personas que nos acompañan, su personalidad, sus intereses, obsesiones, la cultura que contienen, sus cuerpos y cómo se comportan. Lo que yo esperaba del sexo lo encontré en M. Su respiración, su movimiento, la humedad de su boca, la carnosidad perfecta de sus muslos, todos sus sabores… Lo que me hacía sentir como en casa es el hecho de que casi puedo asegurar que M. sentía lo mismo. Esa reciprocidad es lo que redondea la experiencia, lo que la hace única. Sé cuando le gusto a alguien (ajá…), sé cuando alguien quiere coger conmigo, pero la aceptación y deseo que sentía con M. iba más allá de eso. Seguramente eso le parecerá poca cosa a algunos, pero no, no es algo común. Simplemente no reparamos en ello, pero la mayoría de las veces, cuando estamos con alguien no lo hacemos por lo que esa persona es, sino a pesar de lo que esa persona es. Piénsenlo y les apuesto a que varias de sus relaciones han sido así. Querer estar con alguien por todo lo que es no es poca cosa, al contrario, es un jodido tesoro.

¿Y qué falló? Que la vida es más que cariño y sexo. Las circunstancias cuentan y cuando eres tan joven no importa cuán bien te sientas, cuánto placer recibes, siempre ambicionamos tener más y encontrar cosas nuevas. Cuando eres tan joven el presente nunca basta, porque, pues, no sabes nada, no conoces el valor de nada. Y eso tampoco está mal. You learn. Pero en eso de aprender, echas a perder cosas y yo eché a perder las con M.

¿Me he sentido como en casa con otras mujeres después de M.? Sí, un par de veces. Ese otro par de relaciones significativas que he tenido prosperaron por un tiempo, en parte gracias a esa química que va más allá de la química. Y no me quejo de las cosas fugaces, pero prefiero algo más allá de eso… Ya no me interesa tener fuckfriends, sino friends who I can fuck with. Si no hay amor, si no existe la intimidad y esa indefinible compatibilidad, incluso así deseo que la atracción sea complementada por la amistad. Aunque la cosa se trate de puro sexo, prefiero sentir que conozco a esa persona y que al menos la estimo en cierto grado. Por lo mismo no me gusta jugar con esas situaciones, no me gusta ese juego de seducción engañosa, me gusta ser directo y que las chicas que compartan un momento conmigo sepan de qué se trata y que deseen lo mismo. Aceptación y deseo mutuo en cierto grado, aunque no se sienta como estar en casa.

La pasión es una de las cosas que caracteriza mi vida. Desde mi trabajo hasta la limpieza de mis zapatos; dedico, fervorosamente, casi el cien por ciento de mi tiempo a cosas que me apasionan y por eso hoy me siento más satisfecho que nunca y si voy a compartir mi tiempo y mi cuerpo con otra personas me gusta sentirme apasionado por ella también, ya sea por todo lo que representa o sólo por su cuerpo. Necesito lujuria con causa, lujuria en comunión. Necesito conversación de esa que desaparece el tiempo y risas incontrolables, a esa mujer necesito respetarla, admirarla, necesito disfrutar de su rostro y su cabello, necesito porte y estilo, necesito sentir que disfruta mi compañía, necesito que comparta sus pasiones. Necesito que me cautiven sus ideas y sus gestos antes de que me cautive la idea de quitarle la ropa. Coger por coger, “fucking for the review” como diría Caitlin Moran… Aunque a veces sea la única forma de alejarse de la soledad, aunque veces sea necesario… Creo que eso ya no es para mí. Ja. Eso no es una queja, al contrario, lo agradezco. Eso le debo a mi querida M. a quien siempre recordaré como mi hogar.

Leonard, cántanos hasta el final…

Uno no llega a una fiesta y comienza a blastear a todo volumen la música de Leonard Cohen. No. La música de Leonard está reservada para lo íntimo, lo sagrado; las noches de recuerdos, aquellas en que los errores duelen y uno aprende a puntapiés la lección, las noches de nostalgia, de amor, de lujuria y de belleza.

A Leonard se le escucha con los mejores amigos de una vida, como Esteban Cisneros, a quien seguro le duele este día, lo sé porque hemos pasado años juntos y en esos años hablamos mucho de música, porque no hay nada más jodidamente importante que eso, y en esos años muchas de nuestras palabras han sido sobre Suzanne, The Stranger Song y Hallelujah.

A Leonard se le escucha cuando necesitas el consejo de quien ha vivido corazones rotos y corazones llenos de canción. A algunos no les parece que los músicos puedan ser poetas y yo opino que a esos les den por culo. Siempre he creído en decir las cosas de la manera más hermosa que sea posible y si alguna vez mis palabras han sido hermosas es porque lo aprendí de personas de poesía y música como este canadiense de hermosas palabras sobre el mundo, el sexo y el despecho y todo lo bueno y lo malo de este puto mundo. Y es que en ochenta y dos años, ténganlo por seguro, Leonard Cohen le cantó y le escribió a todas las cosas que importan. Y en el Siglo XXI esas canciones no deberían ser una lengua oscura y perdida, deben conocerse y sentirse por todo el mundo.

Y si la despedida es pretexto, pues que sea un gran pretexto para llenar de canción los timelines y los corazones. Que hace falta en estos días, carajo. Hay un Leonard Cohen triste y taciturno, uno violento, ensimismado y rencoroso, uno reflexivo, uno lujurioso y uno esperanzado. El que yo prefiero recordar es el que más me gusta. El que le canta a las mujeres que ha amado y a sus cuerpos, sus momentos sagrados juntos y a la felicidad del futuro. Yo no sé mucho de lo que va la vida, pero si alguien me va a dar consejos sobre eso, que sea este señor.